Quién no ha oído hablar de nanociencia y nanotecnología hoy en día. Estas ramas de la ciencia han alcanzado tal repercusión que cualquiera puede leer al respecto incluso en webs, revistas y periódicos no especializados. La nanotecnología encuentra aplicación en ámbitos que van desde el uso de nuevos materiales a medicina. Ya se habla de materiales más eficientes, celdas solares para la producción de energía renovable, reducción de contaminantes emitidos por los vehículos e incluso hay quien anticipa aplicaciones de ciencia ficción como nanorobots para tratamiento de enfermedades o materiales que cambian sus propiedades y forma de manera programada al más puro estilo de las películas de Terminator.

La química es sin duda una de las ramas de la ciencia más creativas y es clave para el desarrollo de moléculas con aplicaciones en nanotecnología. Podríamos imaginar el diseño de moléculas como la combinación de un juego de piezas como las de un Lego pero a escala de nanómetro. 1 nanómetro equivale a 10-9 metros, para hacernos una mejor idea del tamaño de estas moléculas, si supusiéramos que la distancia de la Tierra al Sol fuera de 1 metro podría decirse que un nanómetro seria  aproximadamente la longitud de un campo de fútbol.

Desde el comienzo de la nanotecnología en los 80 hasta su estado actual se han producido muchos avances de mayor o menor relevancia, algunos de ellos acompañados por un gran sentido del humor de sus creadores o de su entorno como veremos a continuación. Estos ejemplos son tres de mis favoritos:

El Fulereno: o Buckminsterfulereno es una molécula de 60 átomos carbono unidos formando 20 hexágonos y 12 pentágonos que debe su nombre al arquitecto futurista Buckminster Fuller cuyo diseño del domo geodésico tiene una gran similitud con la molécula. En ocasiones también se le ha llamado futboleno, al fin y al cabo en una sociedad movida por el futbol como llamarías sino a una molécula que es idéntica a una pelota de fútbol.

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Fue descubierto accidentalmente por Robert Curl, Harold Kroto y Richard Smalley en 1985 y su descubrimiento les valió el premio Nobel de química en 1996. Antes del descubrimiento del fulereno y los nanotubos se pensaba que el carbono solo podía encontrarse en forma de diamante o de grafito (como las minas de los lapiceros).

Los nanoputienses: Son el resultado del sentido de humor del Profesor de química de Houston James M. Tour. Estas moléculas orgánicas con forma humana fueron diseñadas y publicadas en una revista de educativa de química para atraer el interés de jóvenes estudiantes. El nombre de nanoputiense viene inspirado por los pequeños personajes llamados liliputienses provenientes de la novela “Los viajes de Gulliver.”

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El Profesor James M. Tour y sus colaboradores diseñaron un universo de nano-personajes compuestos por átomos de Carbono, Hidrógeno y Oxigeno. El Nano-Niño es solo uno de los protagonistas en un Nano-mundo donde hay cabida para Nano-Panaderos, Nano-Chefs, Nano-Tejanos con sombreros vaqueros e incluso Nano-Monarcas para aquellos amantes de la realeza. Todo es posible con la creatividad y el sentido del humor de este grupo de químicos. Sin duda una excelente idea para divulgar química y atraer el interés de los más peques por la ciencia.

-El Nano-Coche: El Nano-Coche es también fruto de la creatividad del equipo del Profesor James M. Tour. Diseñado en 2005, originalmente para saber si las moléculas de Fulereno podían rodar sobre superficies. El Nano-Coche esta forma por un chasis en forma de H constituido por átomos de Carbono, Hidrógeno y Oxigeno y moléculas de Fulereno que actúan como ruedas.

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El Nano-Coche se puede desplazar sobre una superficie de oro a temperaturas de 200 0C mediante la rotación de las moléculas de Fulereno. El Nano-Niño ya le ha echado el ojo a la nueva gama de Nano-Coches y en cuanto cumpla los 18 planea sacarse el Nano-Carnet, si su Nano-Papi es como el mío no tendrá suerte para que le presten el Nano-Peugeot para salir con los colegas.