La influencia que tiene el conocimiento acerca del genoma humano en el diagnóstico, tratamiento y evolución de diferentes enfermedades representa una nueva forma de afrontar algunos aspectos de la medicina. Determinar el orden de las bases nitrogenadas (A, C, G y T) en el ADN ha supuesto un reto permanente para los científicos a lo largo del tiempo, principalmente a partir de los años 50: Demostración de que la transmisión de la información genética tenía lugar en el ADN (1952, Alfred Hershey y Martha Chase), y propuesta del modelo de doble hélice del ADN como representación de su estructura tridimensional (1953, Rosalind Franklin, Maurice Wilkins, James Watson y Francis Crick).

La posibilidad de conocer la secuencia del genoma humano de manera individual e incluso la del resto de seres vivos con los que convivimos (incluidos los patógenos), han sido los motores que han alimentado a biólogos, químicos, ingenieros y demás profesionales involucrados en el objetivo principal: Aprovechar toda la información codificada en el ADN. Los grandes avances en este sentido han sido posibles gracias al desarrollo de las tecnologías necesarias para poder llevar a cabo la secuenciación del ADN de una forma más barata. Secuenciar el primer genoma humano costó alrededor de 3.000 millones de dólares en el año 2000. Actualmente, se trabaja para ofrecer la secuenciación de un genoma humano completo por menos de 1.000 dólares en lo que popularmente se denomina “carrera de los 1.000 $”.

genoma humanpGracias a todos los avances tecnológicos y a la enorme cantidad de trabajos llevados a cabo en los últimos años en el ámbito de la genómica, hoy sabemos que cada uno de nosotros somos un poquito distintos de los demás (poseemos alrededor de un 99.9% de homología entre nuestros genomas, Proyecto Genoma Humano). En la diferencia, fundamentalmente cambios de una base por otra (A, C, G y T) denominados polimorfismos de nucleótido único (SNPs), reside gran parte de la información útil que a día de hoy se está publicando. Existen alrededor de 1 SNP por cada 1.000 bases, lo que implica unos 3.000.000 de variaciones de este tipo (aunque se piensa que podría haber muchas más). Aunque la gran mayoría no tenga consecuencias fenotípicas y sean silentes, otras se encuentran asociadas a las enfermedades que podemos padecer, o al menos a nuestra predisposición o resistencia a contraerlas.

Los estudios de asociación en todo el genoma (GWAS, Genome Wide Association Studies), en los que se analizan un número elevado de SNPs y se compara su frecuencia en un número elevado de pacientes y controles, se han mostrado bastante útiles a la hora de identificar genes involucrados en enfermedades complejas, en cuya etiología existe interacción de varios genes y factores medioambientales. En los últimos tiempos también se ha experimentado una mejora en cuanto a la eficacia de estos trabajos, consecuencia de un mejor diseño de la parte experimental, análisis estadísticos cada vez más robustos y mejores centros en los que llevar a cabo los proyectos. Todo esto lleva a que se considere estos SNPs como potenciales biomarcadores. En algunos de ellos se localiza el que una persona tenga mayor predisposición a desarrollar una determinada enfermedad, por lo que el conocimiento de estos marcadores genéticos validados permite la identificación de la relación SNP-predisposición. En este punto, debemos tener en cuenta que lo importante no sólo será conocer el riesgo que tendremos a padecer una patología, sino que podremos llevar a cabo mecanismos de prevención (hábitos de vida, seguimiento específico, entre otros), con lo que introducimos el concepto de medicina personalizada y preventiva. A todo esto hay que añadirle aspectos éticos y morales, que no pueden ocultar la oportunidad que supone encontrarse con un área del conocimiento cuyas aplicaciones son muy prometedoras y cuyo largo recorrido está comenzando.

Otro de los puntos importantes a tener en cuenta en los próximos años será la relevancia que cobrará el poseer un perfil genético en la prescripción de fármacos. El área que estudia las consecuencias que tiene la diversidad genética de una persona en la respuesta a uno u otro medicamento se denomina farmacogenética. Aunque existe ya una cantidad de información muy relevante en este campo, los avances que se esperan permitirán la elección del fármaco adecuado así como la dosis óptima a recibir. La realización de test genéticos previos al tratamiento con determinados fármacos puede parecer a corto plazo un aumento en el gasto sanitario. Sin embargo, existiría una reducción en el coste sanitario consecuencia de la administración adecuada de fármacos (o dosis), por lo que a medio/largo plazo los beneficios económicos serían muy importantes, ya que hablamos de tratamientos muy caros: oncología, psiquiatría, enfermedades crónicas como la diabetes, por citar algunas de áreas.

Con este panorama, parece lógico llevar a cabo el planteamiento de una estrategia a la hora de incorporar análisis genómicos en el sistema sanitario. Es una temática que cada vez está más presente en los medios de comunicación y la gente es consciente de que está ahí. Necesitamos que esté informada y preparada ante todas las implicaciones económicas, sociales y éticas que se avecinan: Qué información se da y cual no, la crisis económica en la que nos hallamos y que no facilitará su implantación, etc. También está el hecho de que hay empresas que ofrecen servicios genéticos directos al consumidor: 23andme, Navigenics, deCODEme, Knome, Pathway Genomics, entre otras. Básicamente, sus servicios consisten en el análisis del ADN para buscar marcadores SNP que tengan alguna relación con patologías (descritos hasta ese momento) y calculan el riesgo de padecer esas enfermedades (comparándolo con el riesgo promedio de la población). Las consecuencias que se derivan de esto inciden en la necesidad de regulación y el planteamiento de una estrategia de implantación de la medicina genómica consensuada. Dependiendo del número de SNPs que se usen para calcular el riesgo de padecer una determinada patología, dos compañías pueden predecirlo de manera diferente, puesto que en la mayoría de los casos no existe la información necesaria para dar fiabilidad a los resultados. Además, en muchas ocasiones, los riesgos que se derivan de la información que pueden proporcionar estas empresas habiendo realizado un análisis a un individuo pueden ser menores que si por ejemplo se llevase una alimentación adecuada (lógicamente dependiendo de la patología), lo que pone de manifiesto la necesidad de que sea personal especializado el que maneje toda esta información. Por último, está el hecho de que el riesgo es diferente dependiendo de la población que se estudie, y puesto que la mayor parte de los estudios de los que se extrae la información que luego se incluye en los análisis son llevados a cabo en poblaciones caucasoides, las personas de origen asiático y africano por ejemplo tienen el acceso limitado a los servicios que ofrecen estas empresas.

Lo que está claro es que el futuro está aquí y la medicina se verá influenciada por la variabilidad genética y su asociación con la enfermedad. Existe un incremento exponencial en la capacidad de secuenciar genomas, se estima que en 2013 habrá alrededor de 1.000.000 de personas secuenciadas gracias al progreso tecnológico que se avecina, y que en 2015 empezará a haber un interés real de la sanidad pública, por lo que nos encontramos ante el reto de que la clínica y sus profesionales sean conscientes de la utilidad de la información que se les viene encima y que sean capaces de manejarla e integrar en sus grupos de trabajo a personal cualificado.