De vez en cuando oímos en las noticias sobre brotes de Legionella que provocan la muerte de personas en nuestro país. Según el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), España es uno de los países con mayor tasa de legionelosis en Europa. Por hacernos una idea de la magnitud, en el año 2010, se reportaron 1150 casos de legionelosis en España. En 2012 nos fue algo mejor, con 972 casos, según se observa en el informe de ese año del ECDC. Generalmente en nuestro país los mayores brotes suelen ocurrir en las zonas de la Comunidad Valenciana y Cataluña y de junio a octubre.

 Vamos a ver en qué consiste esto de la Legionella. 

¿Qué es?

 Es una bacteria Gram negativa que pertenece a la familia de las Legionellaceae. Es un bacilo flagelado aerobio estricto. Esta última frase significa que tiene forma de bastón, con una especie de pelos largos que le sirven para moverse y que solo puede vivir en presencia de oxígeno. Existen 40 especies del género Legionella, si bien la que más nos interesa por sus repercusiones en la salud humana es la L. pneumophila.

Su temperatura óptima de crecimiento está entre los 35ºC y 37ºC, aunque es capaz de multiplicarse entre los 20ºC y los 45ºC. A los 70ºC se destruye.

 ¿Dónde vive?

Es una bacteria ambiental, que vive fundamentalmente en aguas dulces de lagos y ríos. En nuestro ambiente habita en torres de refrigeración, equipos de aerosoles y sistemas de agua caliente, a los cuales llega a través de las redes de distribución de agua.

 Contagio

 La vía de entrada en los humanos es la respiratoria.  Entra en nuestras vías respiratorias a través de aerosoles.

 Los principales focos de contaminación son los sistemas de agua caliente, las torres de refrigeración y los condensadores de evaporación. Todos ellos son sistemas que mantienen el agua a una temperatura óptima para el crecimiento de la bacteria.  Sin embargo, cualquier elemento que pueda producir aerosoles, incluidos grifos, duchas, surtidores de fuentes o sistemas de riego por aspersión pueden ser un foco de contaminación.

En todas estas instalaciones en determinadas ocasiones se produce una acumulación de de productos que sirven de nutrientes para la bacteria, como lodos, materia orgánica, material de corrosión y amebas, formando una biocapa. En esta biocapa es donde prolifera la Legionella hasta cantidades que pueden ser infectantes para el ser humano. A partir de estos lugares, concentraciones importantes de la bacteria pueden alcanzar otros puntos del sistema en los que la bacteria puede dispersarse en forma de aerosol. Las gotitas de agua con la bacteria permanecen suspendidas en el aire y penetran en las vías respiratorias, llegando hasta los pulmones.

 No hay evidencias de transmisión por bebida de agua contaminada o por contacto de persona a persona.

 Enfermedades

 La infección en personas provoca dos tipos de enfermedades, dos formas clínicas:

 –          Fiebre de Pontiac. Es similar a una gripe, con fiebre aguda, y generalmente autolimitada (se “cura sola”).

–          Legionelosis o Enfermedad del Legionario. Es la forma más grave y es de la que vamos a tratar un poco más.

 Síntomas

La legionelosis es una neumonía que cursa con fiebre alta, dolor de cabeza y mialgia (dolor muscular). Alrededor de un tercio de los casos desarrollan diarrea y vómitos y la mitad de ellos pueden presentar confusión mental y delirio. La neumonía es clínicamente indistinguible de otras neumonías atípicas y con frecuencia los pacientes requieren hospitalización. El periodo de incubación es normalmente de 2 a 10 días.

 Es más frecuente en varones entre 40 y 70 años y es rara en niños. El riesgo de contraer la enfermedad es mayor en inmunodeprimidos, diabéticos, pacientes con enfermedad pulmonar crónica, y fumadores o alcohólicos. La tasa de mortalidad suele ser de menos del 5%, pero puede llegar a ser del 15 o 20 % si no se instaura un tratamiento antibiótico adecuado. En los casos nosocomiales (infección adquirida durante la estancia en un hospital) la mortalidad puede llegar a ser del 40 % (80 % en pacientes inmunodeprimidos sin tratamiento adecuado).

 Diagnóstico

 El diagnóstico de la enfermedad se realiza de diversas maneras:

  1. Cultivo de la bacteria a partir de muestras respiratorias.
  2. Serología mediante inmunofluorescencia indirecta.
  3. Detección de antígeno soluble en orina. Ésta es la prueba más empleada hoy en día.
  4. Detección directa de la Legionella en muestras respiratorias mediante inmunofluorescencia directa.
  5. PCR (reacción en cadena de la polimerasa).

 Tratamiento

El tratamiento antibiótico de elección clásico durante muchos años ha sido la eritromicina. Sin embargo, presenta numerosos efectos secundarios indeseables, como flebitis, alteraciones gastrointestinales, y ototoxicidad a dosis altas. La claritromicina, es una buena alternativa en individuos no inmunodeprimidos. La azitromicina es útil en casos leves de neumonía por Legionella utilizando exclusivamente la vía oral. Por último, el levofloxacino (y otras fluoroquinolonas como el ciprofloxacino) es eficaz para el tratamiento de la Legionella tanto en pacientes inmunodeprimidos como en inmunocompetentes

Desinfección ambiental

La presencia ubicua de Legionella hace muy difícil su control. Es fundamental el control estricto de la temperatura y los niveles de cloro del agua, así como la inspección periódica de todas aquellas instalaciones que se han relacionado con brotes de legionelosis. Entre los métodos de desinfección más empleados podemos destacar:

–          Desinfección térmica. Temperaturas superiores a 60°C inhiben el crecimiento de Legionella y por encima de 70°C la bacteria muere.

–          Ionización cobre/plata. Los iones de cobre y plata son agentes bactericidas que provocan la ruptura de la pared celular

–          Hipercloración. Consiste en añadir cloro de manera  masiva al sistema de agua sanitaria durante un periodo corto de tiempo (3-6 horas).