TomatesDesde hace ya algunos años se han ido introduciendo en los mercados de todo el mundo alimentos hechos a base de Organismos Modificados Genéticamente (OMG´s), dentro de los cuales, los más conocidos son las plantas transgénicas. Y casi desde el primer momento han surgido voces a favor y en contra de este tipo de alimentos. Pero ¿realmente sabemos qué son los transgénicos?

Para hacerse una idea de qué son, y cómo se obtienen, conviene repasar algunos conceptos esenciales de biología.

Todos los seres vivos están formados por células, las cuales se agrupan formando los diferentes tejidos. Las plantas y los animales (entre ellos el ser humano) están formados pues, por miles de millones de células, y dentro de cada una de ellas hay un núcleo. En este núcleo se encuentran los cromosomas, los cuales son cadenas de ADN muy largas, que se dividen en trozos más pequeños llamados genes. Estos genes contienen la información necesaria para desarrollar los diferentes organismos desde el embrión hasta el adulto, como si fueran un manual de instrucciones; es la información genética. Y esta información se transmite de padres a hijos en cada generación.

Los individuos de una misma especie comparten gran cantidad de dicha información genética. Por ejemplo, los seres humanos compartimos gran parte de ella, pero hay una pequeña parte que es propia de cada uno, por eso cada ser humano es diferente a los demás. Y lo mismo ocurre con en el resto de las especies, tanto animales como vegetales.

Pues bien, ya desde los comienzos de la agricultura, allá en la prehistoria, el ser humano se dio cuenta de que si cruzaba las plantas más grandes entre sí obtenía en cada generación un aumento del tamaño de su cosecha, lo cual, por supuesto era enormemente beneficioso puesto que conseguía más alimento con menos esfuerzo. Lo mismo hizo tiempo después cuando comenzó a criar animales; cruzando, por ejemplo,  el toro más grande con la vaca más gorda obtenía terneros cada vez mayores, los cuales daban más leche y más carne. Es una ley básica de cualquier ser vivo: obtener el mayor beneficio con el mínimo esfuerzo; lo que se llama ahorro energético.

Esto que nos puede parecer algo muy básico son ejemplos de las primeras manipulaciones genéticas realizadas por el ser humano sobre las especies naturales, puesto que son cruzamientos artificiales seleccionados por la mano del Hombre.

Hoy en día, sin embargo, gracias al avance de la ciencia y la tecnología, podemos realizar estos cruces de una forma mucho más rápida, sin tener que esperar varias generaciones para obtener los resultados deseados (la vaca más gorda, la planta más grande, etc.), cumpliendo así la ley básica del ahorro energético.

Esto es posible gracias a que ahora conocemos cuáles son los genes que determinan esos caracteres, y podemos intercambiarlos de una célula a otra en el laboratorio.

Transgénico

Pero la cosa no acaba ahí. Podemos además introducir en una célula genes de otras especies, de forma que las ventajas de una especie ahora pueden ser transferidas a otras de mayor importancia para el ser humano.

Por ejemplo, si tenemos por un lado una planta que crece muy bien en terrenos secos pero no es comestible para el ser humano, y tenemos por otro lado una planta que sí es comestible pero que sólo crece en sitios con mucha agua, sería muy beneficioso poder pasar el gen que permite a la primera planta crecer en terrenos secos a la planta comestible, para así poder cultivarla en tierras más secas. De esta forma, se pueden evitar los problemas que originan las sequías sobre las plantaciones.

Estos organismos, a los que se les han introducido genes de otras especies son los llamados Organismos Modificados Genéticamente.

Los beneficios que estos OMG´s aportan son enormes, y de gran aplicación en campos tan importantes para el ser humano como la Medicina y la Alimentación.

Como ejemplo de aplicación de estas técnicas de Ingeniería Genética al campo de la Medicina está la obtención de bacterias que fabrican la hormona Insulina, tan necesaria para los diabéticos. Hasta el desarrollo de estas bacterias transgénicas dicha hormona se obtenía a partir de páncreas de cerdos sacrificados en los mataderos, lo cual era muy costoso. Hoy en día se fabrica la Insulina en grandes cantidades, lo cual permite que esté mucho más disponible para la aplicación de tratamientos y a un coste menor.

En cuanto a la Alimentación, actualmente se cultivan en muchos países diferentes variedades de plantas transgénicas, como el Maíz BT o la Soja RR. Estas variedades transgénicas tienen en el núcleo de sus células un gen que les confiere una ventaja respecto de las variedades naturales. El gen que se introduce depende, por supuesto, de la ventaja que se quiera que tengan. Por ejemplo, en el caso del Maíz BT, son plantas que llevan un gen que les permite resistir el ataque de una plaga de insecto que destruye normalmente las cosechas, lo cual supone un ahorro para el agricultor puesto que no gasta dinero en insecticidas químicos, y además no sufre pérdidas de cosecha por estas plagas. Esto repercute en un menor precio final de este maíz en el mercado. Además el gen que se introduce en estas plantas transgénicas, sea cual sea, siempre va destinado a darle una ventaja adaptativa a esta planta, pero no afecta para nada a su valor nutritivo ni a sus características organolépticas (color, olor, sabor, presencia, etc.), por lo que la única diferencia de las plantas transgénicas respecto de las plantas no modificadas es el precio, siendo las no transgénicas más caras, dado que requieren una mayor inversión por parte del agricultor.

Transgénico

A pesar de todo esto, hay  mucha gente que argumenta que los alimentos transgénicos pueden causar enormes trastornos sobre la salud del ser humano. Entre estos supuestos efectos indeseados de los transgénicos se habla del paso de los genes introducidos en las plantas modificadas a las bacterias de la flora intestinal normal del ser humano, o incluso a las propias células del ser humano cuando comemos los alimentos transgénicos. Esto es totalmente imposible por varias razones; una es que cuando comemos los jugos gástricos del estómago disuelven toda la comida antes de pasarla al intestino, por lo que el ADN de ese gen transferido es destruido; otra razón es que, si bien es cierto que en la Naturaleza algunas bacterias pueden intercambiar genes entre ellas, es imposible que una célula de la planta transgénica que nos hemos comido le pase un gen a una bacteria del intestino; como dice un amigo mío: “pensad que llevamos siglos comiendo carne de vaca y no tenemos cuernos”. Y aún cuando todo esto fallara (lo cual, repito, es imposible), y el gen nuevo pasara a las bacterias del intestino, tampoco habría ningún problema puesto que tendríamos un intestino resistente, por ejemplo, a plagas de insectos. (Sí, esto era un chiste).

Otro de los problemas que los detractores de los transgénicos argumentan es la aparición de posibles alergias alimentarias. Respecto a esto, hay que decir que como posibilidad sí que existe, pero no en mayor grado que al ingerir alimentos no modificados. Las alergias son producidas por sustancias que son inofensivas pero que el sistema inmunológico de algunas personas reconocen como algo malo a lo que tienen que atacar, y esa defensa del organismo es lo que produce los síntomas de la alergia. Pues bien, igual que hay gente alérgica a determinados alimentos no modificados (hay intolerantes al gluten de los cereales, a la lactosa, a la fenilalanina, etc.), pueden aparecer casos de gente que desarrolle alergia a la proteína fabricada por el gen introducido en los transgénicos. Pero esto no supone un grave trastorno para nadie, basta con que coma el alimento no modificado en vez del transgénico.

Es más, los transgénicos pueden ayudar a la gente que sufre alergias a determinados alimentos. Pongamos como ejemplo a los celiacos. Las personas celiacas son alérgicas al gluten, que es una proteína que se encuentra en el trigo, la cebada, el centeno y la avena, por lo que no pueden comer nada que lleve estos cereales. Esto supone un gran trastorno, al menos económico, puesto que alimentos tan básicos como el pan, la pasta o la harina (por no hablar de la bollería o la cerveza), tienen que comprarlos en tiendas especializadas (Herboristerías y Dietéticas), y su precio suele ser bastante alto en comparación con los alimentos normales con gluten. Pues bien, si se consiguieran transgénicos de estos cereales a los que se les ha quitado el gen del gluten, y se pudieran cultivar, su precio disminuiría enormemente, puesto que se ahorraría todo el proceso de eliminación del gluten de los alimentos no modificados, y se obtendrían productos 100% libres de gluten. Y esto mismo se podría aplicar a cualquier otro tipo de intolerancia alimentaria.

Queda con esto aclarado que todos esos supuestos problemas que según los detractores de los transgénicos se van a originar sobre la salud humana, se quedan sin ningún fundamento científico a la hora de convertirlos en realidad.

Transgénicos

El resto de supuestos efectos no deseados que se les atribuyen a los transgénicos no tienen nada que ver con sus posibles repercusiones sobre la salud humana, sino que se tratan de aspectos relacionados con afectaciones sobre la biodiversidad vegetal, el desplazamiento de las variedades naturales, la monopolización del mercado de los transgénicos por parte de las empresas productoras, etc. Y no he querido que sea este el tema central de este artículo. Quizá en un futuro tenga la posibilidad de dar mi opinión al respecto.

Por otro lado, y sería absurdo no admitirlo, es evidente que se precisa de un control por parte de las autoridades sanitarias, puesto que como todo alimento o medicamento que se introduce en el mercado, los transgénicos deben estar sometidos a vigilancia.

Para finalizar, creo que es importante señalar también que, casualmente, la mayoría de las personas que se oponen a los transgénicos son los mismos que se oponen, de forma sistemática, a cualquier innovación o avance científico, como es el caso de la investigación con células madre, entre otros. No sé si es por miedo, ignorancia o desconocimiento, pero creo que es importante, en cualquier tema que se trate, informarse bien antes de dar una opinión y no hablar por hablar, y más aún, cuando esa opinión la da alguien que sabe que le va a escuchar mucha gente.