El Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 2011reconocía por fin la importancia que tienen las células dendríticas en el sistema inmune y como son capaces de regular nuestras respuestas inmunológicas.

El galardón premió a 3 científicos. Bruce A Beutler y Jules A Hoffmann fueron Laureados por sus estudios en la activación del sistema inmune innato, mientras que Ralph M Steinman fue Laureado por su “descubrimiento” de las células dendríticas. Desgraciadamente, Steinman no llegó a tener constancia del galardón ya que falleció víctima del cáncer el mismo día en que se falló el veredicto. Una auténtica pena.

Para ser honestos, Steinman no descubrió las célula dendríticas. Ese honor recae en Paul Langerhans quien las describió por primera vez en 1868 cuando se encontraba realizando su Tesis Doctoral. Por su forma, creyó que se trataban de células del sistema nervioso, aunque ahora sabemos que se trataban de un tipo particular de células dendríticas: las células de Langerhans cutáneas. Fue posteriormente en los años 70 del siglo pasado cuando la células dendríticas fueron redescubiertas y su importancia en el control del sistema inmune comenzó a ser comprendido. Si bien Steinman desarrolló el campo y se llevó la fama y la gloria, hay que reconocer que los trabajos pioneros sobre la células dendríticas se deben a Brigid Balfour. Brigid describió un tipo particular de células del sistema inmune (a las que ella denominó células veladas) en la linfa de numerosos mamíferos… ¡incluyendo la de ella misma!. A ella le debemos los trabajos pioneros sobre el control que estas células ejercen sobre los linfocitos (los “soldados” del sistema inmune). Desgraciadamente para la historia, gran parte de sus trabajos no fueron publicados mediante los habituales cauces científicos ya que su investigación estaba recogida principalmente en películas donde grababa la interacción de las células del sistema inmune. Sin desmerecer ni mucho menos el trabajo de Steinman, sirvan al menos estas líneas para recordar la enorme contribución de  Brigid Balfour en el tema, y como sus estudios marcaron la senda a seguir por Steinman y otros para ayudar a comprender la biología del comandante en jefe del sistema inmune.

celulas

¿Pero, por qué son tan importantes las células dendríticas?

Para entender su funcionamiento debemos pensar en el sistema inmune como en la fuerzas de seguridad del Estado. Existen diferentes tipos, tales como Guardia Civil, Policia Nacional, Ejército… etc. Asimismo, dentro de cada grupo existen diferentes cuerpos. Tenemos por ejemplo en la Policia sub-grupos especializados en desactivar explosivos, lucha anti-terrorista y un largo etcétera. El sistema inmune funciona de una manera similar. Tenemos granulocitos, células NK, linfocitos B, linfocitos T… etc. con sub-tipos a su vez dentro de ellos ya que no es lo mismo un linfocito T citotóxico que uno helper, y a su vez dentro de los helper actúan de forma diferente lo TH1, TH2, TH17 y/o T-reguladores. Es decir, el sistema inmune, al igual que las fuerzas de seguridad del Estado, cuenta con diferentes efectivos especializados en diferentes funciones.

Al igual que un policía no puede entrar en nuestra casa sin una orden judicial, el sistema inmune tampoco puede actuar sin una orden de actuación. Este mecanismo permite que al igual que las fuerzas de seguridad actúan frente a la gente que se encuentra al margen de la ley, no realizan ninguna acción frente a los ciudadanos que actuamos al amparo de ésta. Las células dendríticas son precisamente el juez, o mejor dicho, el comandante en jefe del sistema inmune. Ellos son el educador del sistema inmune, y ellas deciden frente a qué sustancias nuestro organismo ha de establecer una respuesta inmune (generalmente patógenos invasores) y por el contrario frente a qué sustancias estableceremos tolerancia inmunológica, es decir, frente a qué sustancias no iniciaremos una respuesta inmune.

Inmunología

Continuando con el símil militar, al igual que los jueces y/o generales del ejército son minoría en el aparato de seguridad del Estado, las células dendríticas son muy pocas en proporción a los numerosos efectivos que constituyen nuestro sistema inmune. Sin embargo, su labor es central e imprescindible para mantenerlo coordinado y establecer una respuesta inmunológica restringida frente a los patógenos invasores. Además de ser el comandante en jefe, las células dendríticas son los centinelas y sensores de nuestro sistema inmune. Se encuentran patrullando nuestro organismo, y cuando encuentran un patógeno invasor y/o una célula tumoral automáticamente “educan” o “entrenan” a los linfocitos (los soldados) para que inicien una respuesta inmune activa frente al peligro.

¿Y cómo son capaces la células dendríticas de detectar qué es un patógeno invasor?

Las células dendríticas presentan un amplio repertorio de moléculas en su superficie y alguna de ellas les permiten reconocer patógenos invasores. Estas moléculas se denominan “receptores de reconocimiento de patrones” o PRR por sus sigla en inglés (Pattern Recognition Receptors), y fueron descritas por Beutler y Hoffmann (los otros 2 Laureados). He aquí la importancia de su trabajo. Estas moléculas son las que confieren a las células dendríticas la capacidad de ser sensores. Este en un punto muy importante. Como comentamos, las células dendríticas se encuentra patrullando nuestro organismo de forma constante. La mayoría de las veces es lo único que hacen. Patrullar. Sin embargo, cuando se encuentra con un patógeno invasor o una célula tumoral que ha iniciado su proceso de expansión son capaces de iniciar rápidamente una respuesta inmune y activar nuestras defensas. En otras palabras, lanzan una orden de búsqueda y captura contra el enemigo que amenaza nuestra salud.

Entendemos ahora por tanto la importancia de la células dendríticas así como de los marcadores que expresan en su superficie y por qué sus respectivos descubrimientos han valido un Premio Nobel. Sabemos que controlan todas y cada una de nuestras respuestas inmunes específicas, desde la lucha contra patógenos invasores como virus, bacterias, protozoos o incluso células tumorales, hasta el desarrollo de enfermedades autoinmunes que suelen estar asociadas con fallos en su función. Son pocas. Muy pocas. Y aún a día de hoy apenas entendemos sus mecanismos de actuación y su lenguaje. Sin embargo, estamos aprendiendo a comunicarnos con ellas. Cuando lo consigamos, podremos manipular sus respuestas. Tendremos entonces el inmune bajo control y podremos desarrollar nuevas y mejores terapias para luchar frente a la enfermedades autoinmunes, infecciones e incluso procesos tumorales.