En marzo de 2017 podíamos leer en numerosos medios los siguientes titulares:

La principal causa del cáncer: el azar (El País)

El azar, principal causa de cáncer (Muy Interesante)

Descubren una nueva fuente del origen del cáncer: el azar (El Mundo)

Y así en casi todos los medios…  Cuando lee este titular, y más aún si lee entradillas del tipo de “dos tercios de los cánceres no pueden prevenirse con el estilo de vida; la detección precoz es más esencial que nunca”, ¿qué piensa? Pues obviamente que todo esto que nos cuentan sobre que muchas cosas provocan cáncer o pueden provocar cáncer son una patraña ¿verdad? Si el 67% de los tumores se provocan por mala suerte… ¿por qué voy a controlar mi alimentación o dejar de fumar?

Uno, que desconfía de manera sistemática de los periodistas, piensa al leerlo por primera vez que “ya estamos otra vez ante el periodista que no se entera”. Pero cuando ya ves que todos los titulares van en la misma línea… No, esta vez los periodistas han hecho un trabajo perfecto. Han recogido exactamente lo que les han contado los científicos que han hecho el estudio.

tomsaseti-vogelstein

¿De dónde viene esta noticia? Pues de un estudio publicado en la revista Science por los autores Tomasetti y Vogelstein. Hace un par de años publicaron un estudio similar que causó cierta polémica. El estudio actual es parecido pero aumentado. Es decir, antes las críticas recibidas en el anterior trabajo, en este han aumentado el número de personas que participaban en el estudio y el número de tumores analizados. Básicamente lo que dicen es que errores al azar, aleatorios, en el genoma son los causantes de casi dos tercios de los tumores.

Como los mismos autores explican, se sabe perfectamente que cuando una célula se divide y copia su ADN para producir dos células hijas nuevas se producen errores. Es como si copiamos El Quijote de cabo a rabo, lo normal es que en algún momento cometamos alguna errata, que alguna letra nos baile. Bueno, pero nuestras células, brillantes ellas, tienen mecanismos para reparar estos errores. Son mecanismos que funcionan de maravilla, corrigen casi todo. Pero a veces no lo hacen. Y a veces estos mecanismos están a su vez alterados. El principal problema es que la probabilidad de que se produzcan fallos en la replicación aumenta de una manera importante cuando nos exponemos a agentes nocivos. Es decir, el “azar” está determinado también por nuestra forma de vida, nuestros hábitos. Que te toque la lotería es azar, pero obviamente tienes más probabilidades si has comprado 3.000 papeletas que si solo has comprado una. ¿Sigue siendo azar? Estrictamente sí, pero el mensaje no puede ser “casi todo se debe al azar”. Nuestro comportamiento influye en el azar.

Por otra parte, para reforzar su teoría, los autores añaden que en aquellos tejidos en los que hay más división de las células hay más cánceres. Bien, esto es un dato ya conocido que no aporta nada. Siguiendo con el ejemplo de antes: si copiamos el Quijote en vez de una vez diez veces, obviamente tendremos diez veces más probabilidades de cometer un fallo. Y si fumar aumenta las probabilidades de que al dividirse las células cometan errores, imaginaos si en vez de una vez las células se dividen diez en un fumador.

¿Cuál es el problema de este artículo y por qué escribimos un post sobre ello? Pues por la interpretación que se da al estudio. Las declaraciones de uno de los autores, Tomasetti, inducen a pensar que su descubrimiento va a cambiar la forma en la que pensamos el cáncer. En realidad, su estudio no “descubre” nada. Simplemente es una cuantificación con modelos matemáticos de la aparición de mutaciones. Y las conclusiones de este estudio nunca deberían llevarnos a infravalorar la contribución del “ambiente”, de nuestros hábitos como factores favorecedores de mutaciones que finalmente conduzcan a la aparición de un cáncer.