Hoy vamos a hablar un poco de unos medicamentos que todos conocemos y que casi todos hemos consumido en algún momento de nuestra vida. Vaya por delante que en este post no vamos a hacer una clasificación en profundidad de los antibióticos que hay, sus clases, indicaciones y demás. Solo queremos saber un poco más de ellos y contribuir a su uso apropiado.

¿Qué es un antibiótico?

Etimológicamente viene del griego anti “contra” y bios “vida”. Según la RAE  un antibiótico es la “sustancia química producida por un ser vivo o fabricada por síntesis, capaz de paralizar el desarrollo de ciertos microorganismos patógenos, por su acción bacteriostática, o de causar la muerte de ellos, por su acción bactericida”.  Dicho de otra manera más vulgar son sustancias que matan a las bacterias o hacen que éstas dejen de crecer. Es muy importante entender que son sustancia que únicamente afectan a las BACTERIAS, no a los virus. Es decir, si tenemos una gripe, que es provocada por un virus, un antibiótico no vale para nada. Sobre esto volveré más adelante.

Una de las propiedades más importantes de los antibióticos es la toxicidad selectiva: la toxicidad hacia los organismos invasores es superior a la toxicidad frente a los huéspedes (los animales o las personas).

Tipos de antibioticos

Un poquito de Historia, como casi siempre

El empleo de compuestos orgánicos para el tratamiento de infecciones se conoce desde la antigüedad. Existe constancia documental de la utilización de extractos de algunas plantas medicinales se han utilizado durante siglos, y también de los hongos que crecen en ciertos quesos para el tratamiento tópico de las infecciones.

El desarrollo empírico de los antibióticos y el conocimiento de su mecanismo de acción de no llegó hasta el siglo XX. A principios de ese siglo, el bacteriólogo alemán Rudolf von Emmerich descubrió un preparado capaz de destruir las bacterias del cólera y la difteria en un tubo de ensayo. Sin embargo, no era eficaz en el tratamiento de las enfermedades. Unos años después, el físico y químico alemán Paul Erlich probó decenas de sustancias químicas capaces de en un afán por atacar de manera selectiva a los microorganismos infecciosos sin lesionar al organismo huésped. Su trabajó desembocó en el desarrollo, en 1909, del salvarsán (“arsénico que salva”), un compuesto de arsénico con acción selectiva frente a las espiroquetas, las bacterias responsables de la sífilis. El salvarsán fue el único tratamiento eficaz contra la sífilis hasta la purificación de la penicilina en la década de 1940.

Pese a estos antecedentes, se considera que la Historia de los antibióticos comienza en realidad en 1928 cuando un científico británico, Alexander Fleming, descubre accidentalmente la penicilina. Fleming notó que un moho que contaminaba una de sus placas de cultivo había destruido la bacteria cultivada en ella. Sin embargo, transcurrieron diez años hasta que pudo ser concentrada y estudiada gracias al trabajo de otros científicos, entre ellos Howard Florey y Ernst Chain.

El primer antibiótico empleado en humanos fue la tirotricina, aislada de ciertas bacterias del suelo por el bacteriólogo americano René Dubos en 1939. Debido a su toxicidad su uso era exclusivamente tópico (uso externo, solo aplicado en la piel).

Fue en la década de los 50 cuando comenzó el uso extendido de los antibióticos.

Nos han cambiado la vida

El comienzo del uso clínico de antibióticos empezó en la Segunda Guerra Mundial. Unas empresas del Reino Unido plantearon la utilidad de la penicilina para el tratamiento de heridas de guerra y comenzaron a fabricarla a partir de cultivos de Penicillium (el hongo que genera la penicilina de manera natural). Las cantidades producidas por estas empresas eran insuficientes, así que intentaron convencer a las compañías farmacéuticas estadounidenses de que fabricaran penicilina. La empresa química Pfizer, de Brooklyn, que fabricaba ácido cítrico mediante la fermentación de melazas se interesó por el proceso. Después de muchas investigaciones adaptó dicho proceso para producir penicilina.

La generalización del empleo de los antibióticos comenzó a partir de los años 50 y cambió de forma radical el panorama de las enfermedades. Así, enfermedades infecciosas que habían sido grandes causas de muerte, como la tuberculosis, la neumonía o la septicemia, son mucho menos graves en la actualidad. También supuso un avance espectacular en el campo de la cirugía, permitiendo la realización de operaciones complejas y prolongadas sin un riesgo excesivo de infección.

¿Cómo actúan?

Los antibióticos presentan distintos mecanismos de acción por una serie de mecanismos, con dianas terapéuticas (zona o proceso sobre el que actúan) en diferentes regiones de la célula atacada. A continuación se detallan los distintos mecanismos de acción.

Funcionamiento antibióticos

A) Inhibidores de la síntesis de la pared celular. La pared celular es una estructura rígida que actúa de protección permitiendo a las bacterias soportar grandes presiones osmóticas.  Esta estructura es característica de las bacterias, solo la tienen ellas, por lo que parece una diana muy apropiada. Al impedir que las bacterias fabriquen correctamente esta pared, este tipo de antibióticos provocan que la célula se rompa y muera. Pertenecen a este grupo las penicilinas, como la amoxicilina (Clamoxyl®) y las cefalosporinas, como la cefuroxima, (Zinnat®), fosfomicina (Monurol®) entre otros.

 B) Antimicrobianos que actúan sobre membranas celulares. Alteran la capacidad de las membranas para actuar como barreras selectivas. Frecuentemente son sustancias bastante tóxicas pues también actúan sobre las membranas eucarióticas (las que tiene las células de nuestro cuerpo). Aquí estarían las polimixinas.

 C) Inhibidores de los ácidos nucleicos. Generalmente impiden las síntesis de estos ácidos, con lo que evitan la multiplicación de las bacterias (para recordar lo que son los ácidos nucleicos, revisa nuestro post anterior). Son la rifampicina, las quinolonas como ciprofloxacino…

  D) Inhibidores de la síntesis de proteínas. Impiden que las bacterias fabriquen proteínas, es decir, las moléculas que forman la estructura de sus cuerpos. Algunos ejemplos son los aminoglucósidos (gentamicina), las tetraciclinas como la doxiciclina (Doxiclat®) o los macrólidos (eritromicina).

Resistencia a antibióticos

Muchas veces hemos oído hablar de la resistencia a los antibióticos, que las bacterias “se hacen resistentes”. Esto simplemente significa que el antibiótico deja de funcionar: no elimina a la bacteria cuando antes sí lo hacía. ¿Por qué? La base del desarrollo de las resistencias está en la selección de cepas resistentes. El antibiótico no induce resistencia, solamente selecciona. Es una interferencia en el proceso de selección natural. Donde antes se seleccionaban las bacterias más aptas para la supervivencia en el sitio del organismo de que se trate, en presencia del antibacteriano, sobrevivirán solamente aquellas variantes capaces de resistir a las concentraciones de antibiótico presentes en ese lugar. El antibiótico se convierte en el primer factor de selección.

¿Cómo logran las bacterias conseguir esta resistencia? El primer paso es una mutación que permite que algún mecanismo bacteriano cambie lo suficiente para que el antibiótico no pueda actuar. Sobre esta mutación actúa luego la selección ejercida por el antibiótico. Posteriormente, y de manera aún más importante, nos encontramos con la transferencia de material genético de unas bacterias a otras. Las bacterias son capaces de pasarse parte de su material genético de unas a otras y eso es  lo que hacen con estas mutaciones que le confieren resistencia.

Existe en ocasiones un problema aún mayor: la multirresistencia. Se trata de microorganismos resistentes a varios antibióticos a la vez. Hay que recordar que esta multirresistencia sigue siendo transferible a otras bacterias. Y esta multirresistencia transmisible es muy importante, porque eso significa que si, por ejemplo, una bacteria multirresistente nos provoca una neumonía, los antibióticos de uso más común en esta enfermedad (“de elección”) pueden no valer para nada. Y si la multirresistencia es amplia, puede que tengamos realmente difícil el curarnos de esa neumonía (aparecen las llamadas superbacterias).

Hay que usarlos bien

El empleo racional y adecuado de los antibióticos provocaría que las resistencias fueran mucho más raras de lo que son en la actualidad. He aquí algunos de los errores más típicos en su uso:

1. Uso innecesario de antibióticos: es algo bastante frecuente y se debe a diagnósticos incorrectos o a automedicación. Hay que recordar que gran parte de las infecciones son de origen vírico y por lo tanto no responden a antibióticos

2. Dosis incorrecta: si la dosis es baja repercutirá probablemente en la selección de bacterias resistentes.

3. Intervalo prolongado entre dosis: esto provocará que las concentraciones de antibiótico  caigan por debajo de las necesarias durante un período demasiado largo y eso llevará al fracaso terapéutico y a la selección de resistencias.

4. Duración del tratamiento: esto es uno de los puntos más importantes. Si el tratamiento es demasiado largo, corremos el riesgo de seleccionar bacterias resistentes. Por otra parte, si el tratamiento es demasiado corto, seguramente fallará la terapia.

Uso de antibióticos

Según el Ministerio de Sanidad, la mayor parte del consumo de antibióticos en España se produce en el ámbito extrahospitalario (90% del total). A su vez, el 85% de este consumo se destina a tratar infecciones respiratorias. En un estudio publicado en el año 2001, España resultaba ser el segundo país con un consumo más alto de antibióticos de Europa, después de Francia. Además, según otro trabajo de 2006, nuestro país se encuentra entre los que presentan un mayor grado de automedicación con antibióticos en Europa y de acopio de los mismos en el hogar.

En resumen, lo esencial son las siguientes ideas:

  • Los antibióticos son medicamentos que se utilizan para el tratamiento de las infecciones producidas por bacterias, puesto que las matan o hacen que dejen de crecer.
  • Su desarrollo y uso extendido a partir de mediados del siglo XX cambio sustancialmente las condiciones sanitarias de la población, contribuyendo decisivamente a un aumento en la esperanza de vida.
  • Tienen mecanismos de acción diversos, actuando sobre diferentes procesos de las bacterias.
  • Sin embargo, las bacterias son “listas” y pueden hacerse resistentes y escapar de la acción de los antibióticos.
  • La aparición de bacterias resistentes es un problema de salud pública que se debe combatir aplicando un uso racional de los antibióticos.